Sobre mí

Soy Nat González y llevo toda la vida dedicada a la música. Nací en Ibiza en 1984, en una casa donde la música siempre estuvo presente: la intensidad del folclore andaluz, por parte de mis padres, y un universo que iba desde el new age, la ópera o la música clásica hasta el punk, el hard rock o el grunge, por la de mis hermanos mayores. Sin darme cuenta, toda esa mezcla fue moldeando mi forma de escuchar, sentir y entender la música. Hasta que un día, a mis 13 años, apareció una guitarra en casa y un pensamiento se quedó instalado: "Tengo que aprender a tocar este instrumento".

Y ahí comenzó todo. Inicié los estudios de guitarra moderna, que completé con clases de lenguaje musical, armonía y piano en escuelas como Minuet, Taller de Músics o el Passatge, a la vez que formaba mis primeros proyectos musicales y bandas. A los 20 años descubrí el bajo eléctrico y, poco a poco, se convirtió en mi instrumento principal, en una parte esencial de mi manera de entender la música. Estudié con profesores como Juan Guerra, Enric Gómez, Joan Vigo o Iñaki Marquiegui, a los que estoy profundamente agradecida.

Desde entonces han pasado más de 20 años, y sigo aprendiendo. He formado parte de bandas y proyectos como Los Seis Días, Manuela Kant, La Quiero Viva, Le Petit Diable, Neverlanders, Maloca o Pararrayos, subiéndome a escenarios por toda la península y tocando en festivales como el FIB, Cruïlla, Ecopop, FIVECC o Alegría de Chefchaouen (Marruecos). Actualmente sigo en activo con la banda Cap Quadrat y otras colaboraciones.

Nat González tocando el bajo en directo
Foto: gonne PHOTOGRAFY

También he tenido la suerte de trabajar y grabar junto a músicos y productores a los que admiro muchísimo. Una de las experiencias que recuerdo con especial cariño fue la grabación del disco 11, de Micka Luna, en Invada Studios, en Bristol. También fue muy importante para mí trabajar con el productor Suso Saíz en el álbum Jueves, de Los Seis Días, grabado en Music Lan Studios (Girona).

Mi curiosidad me ha llevado a explorar distintos caminos en mi formación. Recibí clases de contrabajo, percusión y batería, y formé parte de una pequeña compañía de teatro que me aportó mucho. También soy diplomada en Magisterio Musical (UAB) y licenciada en Filosofía (UB).

Quizás por todo este recorrido, siempre he sentido que la música no se aprende de una única manera, y esa es la filosofía que aplico en cada clase de bajo que doy en Barcelona.

Clases de bajo personalizadas: cada alumno tiene su propio camino

Una de las cosas que más disfruto al dar clases de bajo es acompañar a cada persona en su proceso de aprendizaje. He trabajado con alumnas y alumnos de todas las edades y niveles, desde quienes nunca habían tocado un instrumento hasta quienes ya tenían experiencia y querían seguir profundizando en el bajo eléctrico. Cada persona llega con sus propios gustos, referencias, objetivos, experiencias y dificultades, y eso me plantea algo distinto en cada caso, porque cada una escucha y disfruta la música a su manera. Por eso entiendo las clases de bajo como un método abierto y personalizado.

Lo primero es conocerte: saber qué música escuchas, qué te gustaría tocar, qué quieres aprender y qué esperas encontrar en las sesiones. Y a partir de ahí, construimos las clases juntas. Podemos trabajar técnica, ritmo, groove, armonía o improvisación. O simplemente aprender tocando las canciones que te apasionen, descubrir estilos nuevos o dedicar el tiempo de la clase a lo que en ese momento te apetezca tocar y experimentar.

Al final, lo que busco en cada clase de bajo es que aprender sea algo personal, dinámico, que te haga disfrutar y, sobre todo, que lo que hagamos tenga sentido para ti.

Estudio de música para clases de bajo en Barcelona

Aprender a tocar el bajo también es aprender a sentir la música

Hay un momento que me gusta especialmente como profesora de bajo: cuando un alumno o alumna deja de estar pendiente de si está poniendo bien los dedos, de si se está equivocando o de cuál es el siguiente movimiento, y empieza simplemente a escuchar y sentir lo que está tocando. Cuando una idea musical conecta con algo que ya llevaba dentro, o una canción empieza a sonar diferente. Cuando, de repente, algo hace clic.

Ese momento es una de las cosas que más me gustan de enseñar. Porque aprender a tocar el bajo no consiste solamente en acumular técnica o conocimientos. También consiste en desarrollar una relación propia con el instrumento, aprender a escuchar a otros y a tocar con ellos, y encontrar tu manera de expresarte a través de la música. Por eso intento que mis clases de bajo sean dinámicas, cercanas y adaptadas a cada persona, pero, sobre todo, que sean un espacio en el que apetezca tocar y experimentar.